Un año sin Pascual: ‘Salió a correr y nunca volvió, alguien lo ha matado’

Pascual Robledillo desapareció misteriosamente el 14 de septiembre de 2020

El 14 de septiembre de 2020, hace exactamente un año, Pascual salió a hacer deporte en los alrededores de Paiporta (Valencia) y nunca más volvió a casa. Tenía 42 años, y su desaparición sigue envuelta en un inquietante misterio. Sus padres se temen lo peor y creen que alguien lo ha matado.

Pascual Robledillo vivía con sus padres en la localidad valenciana de Paiporta. Por la mañana salió a correr y tenía que volver al mediodía, pero se retrasó más de la cuenta. Su madre, preocupada, le llamó, pero él solo le dijo una frase que aún hoy sigue retumbando en su cabeza: “Ahora llego, me he desorientado”.

Un año después de su desaparición, sus padres siguen pensando que no fue Pascual quien respondió a aquella llamada. “Mi madre lo notó muy raro, pero en aquel momento no le dio importancia”, explica la hermana del desaparecido. Creen que otra persona podría haber suplantado su identidad.

Los primeros días, un amplio dispositivo con Guardia Civil, Policía Local, Bomberos, Protección Civil y Cruz Roja le buscaron sin descanso. Incluso un helicóptero estuvo sobrevolando la zona y se utilizaron perros de rastreo, pero todo fue en vano. Las esperanzas de encontrarle vivo empezaron a desvanecerse.

Lo buscaron siguiendo la señal de su móvil

Un hecho en particular preocupaba a los investigadores, y es que en la zona donde aparecía la última señal telefónica no había ni rastro de él. La Guardia Civil había conseguido acotar una zona siguiendo la última posición de su móvil. Se encontraba en la carretera de Alba, en la pedanía de La Torre.

A partir de ahí peinaron toda la zona, incluyendo el terreno que sigue el cauce del río Túria hasta el barranco que atraviesa Paiporta y Picanya. No dejaron ni un palmo de terreno sin rastrear, pero Pascual parecía haberse esfumado. Desde entonces, la policía judicial se ha centrado en la reconstrucción de los hechos.

Sus padres se ponen en lo peor

Desde un primer momento, la familia de Pascual descartó la fuga voluntaria. El desaparecido nunca se había ausentado y mantenía una buena relación con su familia. Además, no llevaba dinero encima ni se había llevado consigo la documentación ni la medicación que solía tomar.

Creen que si se hubiera ido voluntariamente, tarde o temprano se habría puesto en contacto con sus padres o sus hermanos. Por pequeña que sea esa posibilidad, sus padres se dirigen a él pidiéndole que dé señales de vida ya que “esta incertidumbre de no saber si está vivo o muerto es un sinvivir”.

Primero, sus padres pensaron que podría haberle dado un golpe de calor dadas las elevadas temperaturas. “Además se ha ido a correr sin desayunar”, decía su madre. Pero esto no explica por qué el cuerpo nunca ha aparecido a pesar de que lo buscaban perros adiestrados en localizar cadáveres.

Los últimos movimientos de Pascual

Después de mucho investigar y dar vueltas a ese día, sus padres han concluido que a Pascual lo mataron. El hombre salió a las 09:30 de la mañana y el rastreo de su teléfono móvil muestra que llegó hasta el barrio de San Marcelino. Una mujer lo vio corriendo a la altura de la CV-407 en Picanya.

Entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde, el terminal se mantiene en un mismo repetidor que cubre un kilómetro cuadrado de terreno. A partir de entonces, su teléfono deja de emitir señal. Fue en ese momento cuando su madre le llamó y mantuvo (supuestamente ) con él una corta llamada de 30 segundos. 

Lo que sucede a partir de entonces sigue siendo un misterio. La policía judicial no se rinde y sigue buscando pistas que les acerquen a la verdad del caso, pero aún están lejos de ello. 365 días después, sus padre han abandonado toda esperanza y se hacen a la idea que Pascual fue víctima de un crimen.

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